La mayor parte de los vinos de la D.O. Málaga proceden de mezclas, normalmente de vinos de Solera, vendimias individuales y unas gotas de vino añejo para conferirles su carácter final. El Consejo Regulador reconoce los siguientes tipos de vino, clasificados de acuerdo con su edad, y que pueden ser tanto de solera como estáticos:
El Málaga Pálido nace de una uva totalmente fermentada y puede ser vendido sin que sea sometido a envejecimiento. Se trata de un vino con un sabor que podría ser descrito como un seco al estilo oloroso.
El Málaga debe pasar entre seis meses y dos años en barriles de roble. Puede ser etiquetado con una calificación adicional que indique que ha tenido un proceso de envejecimiento mediante sistema de solera y enriquecido durante la fermentación con más de 5 gramos de azúcar por libro, dando lugar al Málaga Abocado. Si esta adición de azúcar es de 50 gramos por litro, recibe el nombre de Málaga Semiseco. El Málaga Dulce se elabora con uvas pasificadas con un contenido de azúcar de 600 gramos por litro, y puede además recibir la denominación de Lágrima si se hace con mosto flor. El Pedro Ximénez o Moscatel se elabora exclusivamente con esas variedades de uva. El Málaga Noble es igual que el Málaga, pero con dos a tres años de envejecimiento en barrica; en cuanto al Málaga Transañejo, tiene que estar más de cinco años en barrica.
La etiqueta del vino puede asimismo indicar el color del mismo: Blanco, Dorado, Rojo Dorado, Oscuro o Negro. Los vinos oscuros pueden colorearse con arrope. Algunos vinos pueden ser denominados Crema o Pajarete (semi dulce).
En cuanto a la D.O. Sierras de Málaga, según el Consejo Regulador produce dos tipos de vino: "Blancos, de color amarillo, pálidos de aroma varietal, elegantes y nítidos, de sabor afrutado, frescos con tonos ácidos. Y tintos, con cuerpo, bien estructurados, en los que predominan los sabores y aromas minerales y del terruño".
Esta clásica D.O., conocida durante siglos por sus vinos dulces elaborados con uvas Moscatel y Pedro Ximénez, ha sabido mantener sus señas de identidad a pesar de la presión que durante las últimas décadas han sufrido los viñedos debido al turismo. Geográficamente, la zona de cultivo tiene forma de T, con los viñedos plantados a la largo de la costa, al este de la ciudad de Málaga y adentrándose hasta la sierra. Una tercera subzona más pequeña se encuentra al oeste de la capital.
En la actualidad, y a pesar de dos décadas en las que no se ha experimentado un aumento de la zona de cultivo, la denominación está disfrutando de un leve renacimiento y sus vinos generosos están volviendo a ser descubiertos. Al mismo tiempo, las bodegas malagueñas, al igual que sucede con otras de Andalucía, se están adaptando a la nueva demanda del mercado, que pide un vino más ligero. Incluso para facilitar este cambio, se ha estableciendo una nueva D.O., Sierras de Málaga, que elabora vinos jóvenes en esta misma zona geográfica, que está regida por el mismo Consejo Regulador de la D.O. Málaga.